11 de marzo de 2012

Impresiones personales sobre el FICG 27


Finaliza la última entrega del festival de cine más importante de nuestro país, y uno de los más representativos en los países de habla hispana. ¿Cuál es la relevancia que tiene para la producción hecha en nuestro país y su influencia para promover el mismo?

De unos años a la fecha ha habido una interesante proliferación de festivales a diestra y siniestra. La diversidad es excelente y tenemos festivales enfocados en etnias, género (de femenino, gay o masculino), de género (o de horror, animación, etcétera), regionales, nacionales, internacionales… Bueno, aunque actualmente parece que todos los festivales son internacionales, por lo cual, una parte de mi cree que deberían de quitarse ese adjetivo ya que en realidad más que cache, le da solo otra sigla al acrónimo de su festival favorito, ya sea el Internacional de Morelia, Guadalajara, Monterrey, etcétera. Y claro, no podía faltar el hecho de que en el Distrito Federal, no contentos con el hecho de que hay una centralización descarada de recursos, usualmente los habitantes se enojan si no hay un festival local, o varios.

El Festival Internacional de Cine de Guadalajara es el de mayor tradición y me atrevo a decir que también de mayor impacto en nuestro país. Básicamente inicia el ciclo de exhibición “festivalera” del cine nacional. En segundo lugar tenemos el Festival Internacional de Cine de Morelia, temporalmente ubicado en el otro extremo del año, un evento relativamente joven, pero que gracias al nivel de exposición y apoyos que tiene, se ha colocado de manera efectiva dentro del inconsciente cinéfilo colectivo. Ambos festivales son los más importantes y representan aspectos muy distintos dentro del circuito de los mismos. El de Guadalajara tiene un mayor acercamiento con industria y es más útil para lograr contactos para distribución. El de Morelia sirve más para la pasarela y el lucimiento en alfombra roja. Los dos cumplen funciones distintas y para un realizador, a veces es difícil decidir en cuál de los dos va a mostrar su cinta, ya que anteriormente se tenía la restricción de que una película en competencia no debía haber sido exhibida en otro festival para poder participar. Curiosamente, en años recientes parece que esa prohibición se ha olvidado y hemos tenido casos curiosos como el de El Premio, el cual ganó en ambos festivales teniendo finales distintos para cada uno de ellos.

En su más reciente entrega, el consenso general indica que el FICG tuvo una mejor selección de películas que el año pasado pero varios problemas en la organización. Yo tengo asistiendo al mismo desde su entrega número XXIII y debo decir que es donde mejor me habían tratado. No padecía los eternos problemas de tratar de conseguir lugar para alguna función que ya es costumbre en Morelia, el área de prensa era suficiente y la atención era más que excelente. Desde el primer día me sentía increíblemente cómodo y gustoso de participar en la experiencia cinematográfica y las funciones de prensa e industria usualmente estaban bien cuidadas, aunque todavía recuerdo los corajes de Retes cuando el audio empezó a fallar en la proyección de una de sus cintas, hace algunos años. Desafortunadamente desde el cambio de administración y de sede, algo ha cambiado en el festival.

Iván Trujillo es el actual director del festival y con su llegada también hubo un cambio de sede. A partir del año pasado, la base del festival se establecía en la Expo Guadalajara, lugar donde se acondicionaban primero una y ahora dos salas de exhibición, con todo y los problemas que implica el tratar de tener un área diseñada para ser auditorio de usos múltiples y convertirla en lugar de proyección. Al mismo tiempo el área de prensa ya no se ubicaba en un hotel, la zona de conferencias y film market en otra, y las funciones de cine distribuidas en distintos complejos. Se logró una unificación de sedes que hacía menos tortuoso el peregrinar en el festival, pero al mismo tiempo se ha perdido la calidad en la atención al asistente.

El año pasado acudí siendo parte del Talent Campus. El cambio en mi status de asistente coincidió con el cambio de sede. La gente a cargo del Talent se portó increíblemente atenta, aunque no quedé satisfecho con mi participación, ya que como iba dentro del área de Crítica Cinematográfica, prácticamente me fue imposible asistir a otros cursos en los que estaba interesado, ya sea de guionismo o edición. Detalles que se pudieron prever desde antes para lograr el agendar de mejor manera las actividades, en lugar de presentar en un momento mesas con listas de cupo limitado para los interesados. Aunque fue increíblemente valioso el tiempo que tuvimos para charlar con Chiara, José Carlos y Orlando, nuestros tutores en el área de Crítica, definitivamente se pudo tener una mejor organización para las actividades que tendríamos los del área. Organización siendo la palabra clave en el problema que se presentó también este año en el festival, al cual volví a acudir como prensa.

El primer problema fue con las acreditaciones. Mientras veía como varios compañeros iban recibiendo sus confirmaciones, a mí me llegó una semana antes del festival. Al menos no me ocurrió como a otros compañeros los cuales me comentaban que habían recibido la negativa de los encargados del área de acreditación, y en ocasiones, hasta de formas un tanto rudas y descorteces. Escribo mails al área de prensa para solicitar información sobre apoyos para hospedaje y jamás recibo respuesta. Afortunadamente a mí me es relativamente fácil moverme en Guadalajara, por lo cual no me incomoda tanto, pero la falta de comunicación no deja de ser molesta. ¿Por qué no traté de contactar desde antes al área? En parte porque no había recibido la confirmación de acreditación y en otra parte porque no tengo ánimos de pelear.

Llegando al festival, recojo mi gafete y para mi sorpresa no hay entrega de kits de prensa. Ni morral, ni mochila, ni programa ni nada. Entiendo que hay recortes de presupuesto pero la entrega de un sobre con un par de flyers y mi gafete palidece con lo recibido en años anteriores. La crisis pega, uno lo entiende, o igual el sobre es una “mochila para Ultra Books”, con eso que son tan delgadas, igual el festival va por lo minimalista y vanguardista.

En este año se contaron con dos salas de proyección, una para homenajear a Gabriel Retes, quien también contaría con una exhibición, y otra para honrar la memoria de Pedro Armendariz. La diferencia entre las dos es notoria, ya que aunque se esperaban problemas de audio propios de una sala no acondicionada al cien por ciento, en una se cuenta con desnivel en las butacas, lo cual ayuda a los espectadores a tener una mejor visión de la pantalla y en la otra en vez de asientos propios de la experiencia cinematográfica, hay simples sillas.

El problema no radica solamente en el lugar de exhibición. Es una gran ventaja tener dos salas en lugar de una, como fue el año pasado, pero también hay un cambió en el acuerdo con los complejos cinematográficos. Usualmente la exhibición se hacía en algunas salas de Cinépolis, teniendo una presencia más fuerte en el complejo ubicado en Centro Magno. El año pasado, buscando un cine más cercano, se logró el apoyo de Cinemark y se utilizó el complejo ubicado en Plaza Milenium, la cual es algo así como un bunker anti zombies subterraneo. Para poder asistir a las funciones, solo bastaba mostrar el gafete, lo cual era increíblemente conveniente. Este año, para poder ver las cintas en competencia, uno podía ver la ficción mexicana e iberoamericana en alguna de las salas de la Expo, pero para ver documentales uno tendría que acudir a Centro Magno. El regreso a tener a Cinépolis como la sede del festival llegó en parte por las quejas de quienes no quedaron convencidos por la experiencia en Cinemark, pero la situación ya no era la misma. No se logró un apoyo total y fuera de los invitados especiales, la prensa no podría contar con boletos para asistir a las funciones. ¿Vienes de otro estado o incluso de otro país a cubrir el festival? ¡Bienvenido! ¿Quieres ver algo fuera de lo que se exhibe en la Expo? No hay problema… espero que hayas traído efectivo y aproveches los cine bonos para que te salga más barato.

El día que se hizo la exhibición de Cuates de Australia, documental ganador como el mejor del festival y obra del buen Everardo González, yo llegué cerca de veinte minutos antes de la proyección al complejo de Centro Magno, compré mi boleto y después procedí a la función en una sala que casi estaba a la mitad. Casi. Al final de la función, Everardo nos comentaba de los problemas que hubo para la proyección. Desde los proyeccionistas que no respetan los créditos finales (con todo y música) como parte de la película hasta el retraso en traer micrófonos para la sesión de preguntas y respuestas al final. Ahí mismo el director nos revelaba el hecho de que minutos antes de la función, Cinépolis se negaba a vender boletos para la misma, alegando que la sala estaba llena. ¿Cómo es posible que pase eso si al estar dentro pude atestiguar que eso no era cierto? Igual fueron boletos reservados para invitados especiales que jamás se presentaron, o simplemente una falta total de disposición de la distribuidora. De por sí es difícil ver documentales en el festival, agréguenle esos detalles.

El festival transcurre y compañeros de prensa que solo pudieron asistir el fin de semana, se retiran. Continúan los problemas con películas que no podrían llegar ya que estaban “atoradas en la aduana”, así como ruedas de prensa que no se iban a dar y que uno tendría que agendar con Pepe Quintanilla (jefe del área de prensa) una cita para poder entrevistar a los realizadores. ¿Pepe Quintanilla? ¿El mismo al que en persona le mencioné que quería consultar unos detalles y que al ver que no quería pelear un tortibono para desayuno ya que no me estaba quedando en el hotel con los de la “prensa legítima” simplemente me ignoró, lo cual apoyó mi deseo de mejor irme a ver una función de cine iberoamericano en vez de desperdiciar mi tiempo? Vaya… eso sí que me daba confianza en la atención del área de prensa, todavía más de la que tenía al haber visto el sábado y domingo el cuchitril en el que se había convertido la sala con computadoras a la que podíamos accesar los de prensa para redactar nuestro material. Manteles sucios, basura, casilleros vacíos, postales de películas aventadas. Lejos estaba la imagen que tenía del área de prensa del Festival, en dónde la atención era excelente, hasta galletitas, café y bebidas energizantes ofrecían, junto con información sobre las actividades, programa de ruedas de prensa, funciones, kits de prensa de las proyecciones del día, invitaciones a eventos, morrales del IMCINE o el Kit de Prensa con el catalogo del festival. Por cierto, yo me retiré del festival el miércoles, día en que se hizo la última proyección de ficción de largometraje mexicano en competencia. El festival terminaría el fin de semana, pero se notaba que el programa no se había distribuido de manera equitativa. Ese mismo miércoles un papel indicaba que finalmente se distribuirían los kits de prensa. Un día antes se distribuían los catálogos. Me presenté una vez a pedir el mío y me dijeron que por el momento no tenían, mientras veía a varios compañeros con el suyo. ¿Para los Press Kits? Primero anunciaron una hora, luego anunciaron otra, más tarde. Decidí que mi tiempo era más valioso que estar esperando falta de organización o disposición. Primer festival de cine al que he acudido en más de cinco años en donde no tengo un catálogo. Mi falta de interés simplemente fue un reflejo de su falta de atención y organización.

Además de las proyecciones, el festival contó con otros eventos. La presencia de Andy García eclipsó la aparición de Mike Leigh, pero eso usualmente ocurre en cualquier festival. Estrella mata director. Al mismo tiempo hubo exhibiciones al aire libre como la del documental PressPausePlay, el cual, según me comentaba Arturo Aguilar, se trabó a mitad de la función y nadie hizo nada por solucionarlo. ¿En serio? Está bien que sea una función gratuita pero eso no significa que la atención a la proyección deba de ser de dos pesos.

El festival termina y en la clausura lo más interesante fue la presentación del avance de la película animada de El Santos Vs La Tetona Mendoza, cinta que promete romper con el estereotipo de la cinta animada mexicana, la cual usualmente parece estar guionada no para niños sino para retrasados mentales y que contará con voces de prácticamente todos los que son alguien en el cine mexicano, incluyendo a Guillermo del Toro. Después de la entrega de premios y reconocimientos, el festival deja un sabor agridulce. Me da tristeza, en verdad, ya que es un evento al que le tengo muchísimo cariño y del que siempre hablo bien y lo defiendo ante los demás festivales nacionales. Desafortunadamente la gran cantidad de fallas que encontré, tanto a nivel personal como general, hacen que por momentos no me den ganas de volver en otro año al que en su momento catalogaba como un festival incluyente y abierto. Me da esperanza el ver que la calidad del material en competencia mejoró considerablemente con lo mostrado el año pasado, pero si va a haber problemas en la exhibición no importa que las películas sean mejores si no se pueden ver. Las cintas ganadoras, las cuales enumeraré más adelante, son muy representativas de lo que fue el festival, con todo y hayamos estado o no de acuerdo con los premios, pero mi duda sobre si sirve para difundir el cine nacional persiste. Cintas como Viaje Redondo las vi hace años en otra emisión del FICG y apenas si tienen recorrido vía cineteca. ¿Qué esperanza pueden tener cintas de calidad pero que no son tan comerciales como Un Mundo Secreto de alcanzar exhibición a públicos que no asisten a festivales? La función del festival permanece, pero por momentos parece que se enfoca más en la autofelicitación que en una verdadera promoción. No ayuda el hecho que después del festival venga la invasión de películas veraniegas de Estados Unidos, ya que es muy poca la gente que prefiera ver El Fantástico Mundo de Juan Orol en lugar de The Dark Knight Rises, pero eso no significa que no se puedan alcanzar otros canales de distribución de cine. ¿Quiénes de nosotros no pagaríamos por tener en streaming la posibilidad de ver las cintas que están en competencia vía Netflix o algún otro medio? Canana ha logrado acuerdos muy efectivos para distribuir en medios digitales y lo mismo se podría aplicar al IMCINE o el circuito de festivales y al mismo tiempo se podría alcanzar un modelo de negocios complementario que ayudara a la economía del evento. Al mismo tiempo una mejor distribución de tiempos ayudaría a que los medios e industria pudiéramos asistir y ver no solo ficción sino también documental dentro de la Expo, y el hecho de que los stands del festival empezaran a retirarse días antes de que terminara oficialmente el evento no ayudan a la moral del mismo. Detalles, muchos detalles que se pueden mejorar, y espero que se logre hacer de esa manera, ya que disposición y talento se tiene. Ojala se logre el apoyo necesario, para facilitar una mejor organización, y en consecuencia, un mejor evento.