26 de agosto de 2013

Blancanieves

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Una historia puede tener tantas versiones como personas que la cuenten. Pablo Berger retoma el clásico cuento para ubicarlo en una España de los años 20's, en donde se incorpora a la fiesta brava en una narrativa de corte de la época, sin diálogos, pero con poderosa narrativa y atractivo visual.

Carmen (interpretada por Macarena García, quien será la Blancanieves del cuento) es la hija del gran matador Antonio Villalta (un genial Daniel Giménez Cacho). Desafortunadamente, tras un trágico accidente para el padre y la muerte de la madre, quien es sustituida por Encarna (la bellísima Maribel Verdú, en papel de villano ñaca laca) como la madrastra malvada del cuento, es que Carmen es deja la casa paterna para vivir con su abuela, y reincorporarse al lado de su padre después, de donde será sacada por la mala de la película, y al final tendrá un destino pintoresco acompañada por el espectáculo ambulante de Los Enanitos Toreros... y una lucha contra las manzanas. 




Mientras que la gran mayoría de los cuentos clásicos servían como historias de advertencia para los niños, esta versión de Blancanieves tiene todos los elementos de cualquiera buena telenovela moderna. Esto para nada es despectivo, ya que el personaje sufridor pero que le echa ganitas mientras poco a poco empieza a armar fragmentos de su vida es bastante atractivo, claro, con el apoyo de sus nuevos amigos o incluso, en su tierna infancia, siendo apoyada por una mascota a la cual solo le faltaba hablar para poder incluirla en la misma categoría de Marimar.

Siendo una película que retoma el estilo de los años 20's, las actuaciones, la música y la fotografía cobran un papel primordial, dejando de lado la espectacularidad o los ritmos acelerados de obras más modernas. La expresividad lograda por los actores es memorable, y al ser acompañada por la hermosa música de Alfonso de Villalonga se logra un resultado hermoso, incluso en los momentos más obscuros de la cinta, ya que aunque está basada en un cuento de hadas, tiene sus momentos perturbadores.




Es curioso como en tiempos recientes parece que la revisión de momentos clásicos cinematográficos es lo que nos da las propuestas más frescas. Desde el Hugo de Scorsese, pasando por cierto Artista y llegando a esta reinterpretación de  Blancanieves. El cine mudo como ejercicio no solo de estilo, sino para retomar elementos  que incluyen el mismo montaje y sonorización para lograr una obra narrativa efectiva que nos recuerda que el verdadero cine se hace con elementos más sencillos y menos artificiosos que la pantalla verde y la composición digital.

Aunque en cierta medida la conclusión de la película no me fascinó del todo, es en realidad muy recomendable. Una fábula adaptada a tiempos más recientes pero sin llegar al exceso efectista que rara vez es aprovechado en el cine contemporáneo.