17 de octubre de 2013

The World's End

Los reencuentros con amigos de la juventud se encuentran llenos de peculiaridades.  Es común creer que todo tiempo pasado fue mejor, y al reencontrarnos con los viejos camaradas es que podemos revivir esos momentos que sin dudarlo, fueron mejores. O al menos eso es lo que cree Gary King (Simon Pegg) quien busca reunir a su viejo grupo para lograr lo que en su juventud no pudieron: recorrer la milla dorada, que consiste en pasar por 12 pubs de su pintoresco poblado y tomar una pinta en cada uno, terminando en El Fin del Mundo.

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Las historias pasan por ciclos y así como tuvimos el apocalipsis predicho tanto para el año dos mil, como para el 2013 es que este año hemos tenido cintas apocalípticas como This is the End y la que hasta el momento es mi comedia británica favorita del año, The World’s End.  Mientras que la temática parece común el manejo es más inteligente que la cinta promedio, lo cual en una comedia, es muy agradecible.

 Termina la trilogía del Cornetto que inició con Shaun of the Dead y continuó con Hot Fuzz. Mientras que cada cinta tiene un manejo y realización casi hogareña al compartir actores y referencias, las temáticas son diferentes y rinden tributos a distintos géneros. Desde los zombies, pasando por el policiaco con intriga ancestral y finalmente algo de ciencia ficción en un ¿road movie? ¿drunk movie? Ya lo decía Ernesto Diezmartines al referirse a esta cinta como un Hangover (¿Y qué pasó ayer?) pero con mejor guión, buenos chistes y más efectiva.



 En sus tres cintas Wright trata acerca de la maduración que ocurre en medio de circunstancias complicadas. ¿Hay algo más difícil que crecer en la vida personal y relaciones en medio de un ataque de zombies?  En esta ocasión tenemos a Gary King quien después de 20 años sigue vistiendo como cuando terminó la prepa. La mejor etapa de su vida debió iniciar al terminar su periodo escolar, sin embargo como mosco atrapado en ámbar, parece haberse congelado en ese momento y en la odisea que no pudo terminar al recorrer la famosa milla dorada. Una sensación de insatisfacción con su vida actual es lo que lo lleva a reencontrarse con sus viejos amigos a quienes recuerda, pero de quienes no recuerda todos los detalles, especialmente aquellos en los que pudo haberlos dañado.

 El estilo narrativo de Wright en compañía de sus buenos colaboradores Simon Pegg y Nick Frost rinde frutos de manera efectiva. Un ritmo de edición dinámico que no desperdicia tiempo para llevarnos de secuencia en secuencia en este viaje de los viejos amigos que en cierta medida refleja lo que es reencontrarse para el realizador y sus amigos actores. Curiosamente el cast sea probablemente de lo más impresionante en la carrera de Wright, ya que mientras se reencuentra con viejos conocidos como Martin Freeman (Watson o el Hobbit, p’a los cuates) también tenemos apariciones del mismísimo 007 de Pierce Brosnan o Bill Nighy. Sus presencias (y la de varios personajes más) no se sienten omniosas sino familiares, como la de cualquier vecino que pasa casualmente por el viejo barrio cuando estás visitándolo.

 Ayer discutía con un par de amigos acerca de la cinta y como al parecer yo era el único emocionado por el resultado de la misma. Creo que es una de esas películas que se llegan a apreciar incluso más con el tiempo, aunque yo salí encantado. Recuerdo que Hot Fuzz aunque me agradó no la disfruté tanto como después de verla en Blu Ray en repetidas ocasiones.  Tengo la sensación de que algunos armaron expectativas más elevadas debido a las amplias recomendaciones de personalidades reconocidas del cine sobre la misma, pero la obra se defiende perfectamente por sí misma.



 El humor que maneja Edgard Wright es inteligente. Hay chistes que los va preparando con tiempo y otros que simplemente funcionan con el primer comentario, sin sentirse forzados. A esto le agregamos las capacidades actorales del grupo y se logra un humor efectivo. Menciones especiales tanto para Simon Pegg que nos muestra a un carismático aunque casi psicótico y desesperado Gary King, así como a Nick Frost, quien se lleva la película como un oficinista patea traseros más poderoso que cualquier jugador de rugby en sus mejores tiempos.

 El ritmo de edición es bastante dinámico y la cinta cuenta con un soundtrack memorable que incluye temas de gente tan diversa como The Doors , Kylie Minogue o James.  Quizás el más comercial en una cinta de Wright que ayuda a vender el cierre de esta trilogía que no es trilogía.

 Sin lugar a dudas, de las mejores comedias del año, si no es que la mejor. Desafortunadamente no cuenta con una distribución tan abundante como quisiéramos y las cintas más comerciales le comen el espacio en las salas de cine, pero si la llegan a ver en cartelera, no lo duden. No se arrepentirán de pasar Una Noche en el Fin del Mundo, cinta ideal para acompañarse con una buena cerveza, amigos y ¿por qué no? Un delicioso sándwich de mermelada.

1 comentarios :

Luciano Sívori dijo...


Como película de ciencia ficción, cumple su papel. Visualmente es maravillosa, y sí… tiene un final esperable, pero no por eso menos emocionante.
Simon Pegg se roba cada escena, y su bromance con Nick Frost tiene momentos memorables.
Quizás no tenga siempre el ritmo adecuado y no sea lo que habría esperado. No es mejor que las dos anteriores entregas pero vale la pena.

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