3 de mayo de 2014

Obediencia Perfecta



Con frases como “La historia que sacudió a la Iglesia” o “Es hora de conocer la verdad” es que llega a nuestras carteleras la ópera prima de Luis Urquiza, quien con amplia experiencia en la producción da el salto a la dirección en esta cinta “basada en hechos reales”.

Sacramento Santos (Sebastián Aguirre) es un joven que decide dedicar su vida al sacerdocio, por lo cual entra a la orden de Los Cruzados de Cristo. En esta organización fundada por Ángel de la Cruz (interpretado por Juan Manuel Bernal y por Juan Carlos Colombo) inicia su formación tras la sotana mientras es sujeto a las condiciones y manejos dentro de la misma.

Obediencia Perfecta es una cinta que no termina de definirse. Mientras que las actuaciones principales de Aguirre y Bernal tienen una ejecución excelente, algunas de las secundarias, representando a otros miembros de la orden o a altos mandos de la iglesia católica, son tan caricaturizadas que por momentos creí estar viendo la secuela de El Crimen del Cácaro Gumaro, en donde Armando Vega Gil interpreta el cliché del sacerdote de pueblo. De manera similar, los nombres de varios personajes no podrían ser más convenientes como lo ilustran los casos de Sacramento y Ángel.



 

Quizás debido al manejo publicitario de la cinta es que quería que no me gustara. El jugar con el morbo y anunciarse con cosas como “basada en hechos reales” son de esos detalles que me hacen alejarme de cualquier obra cinematográfica. Curiosamente la ejecución es bastante digna. Además de las actuaciones ya mencionadas, el trabajo de Luis es más que competente y la fotografía de Serguei ilustra de manera efectiva el terreno en el que se desarrolla esta historia. Mi mayor conflicto viene en el guión ya que cae en esa falta de definición que mencionaba. Alude a hechos reales pero no los nombra directamente, como si al decir “las instituciones son corruptas” todos tuviéramos que asentir, como si supiéramos de que caso específico habla. Tiene momentos con excelente realización y conflicto dramático, especialmente en la relación entre el sacerdote y su pupilo, pero por otros cae en la comedia involuntaria (las expresiones de varios sacerdotes con cara de morbo “cochino” provocan más risa que consternación). Curiosamente hay momentos en los que el juego de sutilezas le ayuda, ya que como en el cine de horror, hay veces en que es mejor solo aludir sin mostrar, para que el espectador llene con sus ideas la figura del monstruo en la pantalla.




Quizás la queja contra la tibieza es un poco injustificada. Al final del día es una obra de ficción dramatizada y para ilustrar el terrible caso de abuso sexual dentro de instituciones religiosas ya hay obras muy mayores, particularmente en el género documental. ¿Habría ayudado en algo a la historia el que se mencionaran directamente nombres y se mostraran de manera explícita las vejaciones que cometían los culpables? No lo creo. Al final la historia se centra en el drama humano y el conflicto. La relación de codependencia entre alumno y maestro que tiene más en común con un síndrome de Estocolmo que con una relación emocional saludable y esa relación se ilustra de manera efectiva, a pesar de incluir detalles que hacen que se pierda “la seriedad en el asunto”. Me recuerda las quejas que había contra The Walking Dead porque no había suficientes zombies al estilo de película de Romero, cuando jamás fue la intención de la serie o del cómic base utilizar ese estilo en su enfoque.


 

Contradiciendo mis expectativas, puedo decir que Obediencia Perfecta es una cinta competente. Claro, su publicidad se basa más en el morbo y la explotación de una temática controversial en la que al parecer a todo mundo se le olvida que no todos los religiosos son pederastas y creen que los casos extremos son la norma. Sin embargo, si dejamos eso de lado, tenemos actuaciones (y la dirección de las mismas) sobresalientes, lo que me hace querer ver la siguiente cinta de Luis Urquiza, pero con una temática y guión más adecuados.