25 de mayo de 2016

X-Men: Apocalypse

El género de los súper héroes en el cine ha pasado por varias resurrecciones. En los 90’s parecía que todo estaba perdido tras las últimas cintas de Batman que retomaban un enfoque más camp (clásico de la serie del 66) y el hecho de que Marvel tenía repartidos los derechos de sus personajes más interesantes en el limbo de la preproducción. Fue entonces que Brian Singer, entonces un director independiente respetado pero no muy conocido, entraba al ruedo con su adaptación de los mutantes favoritos de todos: los Hombres X. Hoy llega dirigiendo su cuarta película en la franquicia (de seis que se han hecho sobre el equipo, o nueve si consideramos las cintas de personajes individuales) y trae consigo una obra que parece ilustrar el cansancio con los personajes, pero no sabemos si es por parte del público o del mismo creador.

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Deja que el Tío Dan te cuente una historia: Hace miles y miles de años, antes de que existieran estudios que quisieran explotar de manera indefinida los derechos de personajes creados en historietas y los cuentitos de la época se pintaban en las paredes de las pirámides, surgió el primer mutante. Este era un tipo azul que reinaba en el pináculo de la civilización, osea, desde lo alto de su bonita pirámide. Para poder continuar con su reinado, cambiaba de cuerpo como nosotros cambiamos de ropa sucia, pero el pueblo trabajador adorador de gatos y dioses con cabezas de animales, decidió que era suficiente y en medio del cambio de cuerpos le ponen un cuatro, dejándolo más enterrado que la carrera musical de los Backstreet Boys. Cinco mil años después vuelve a surgir, y al ver como el mundo no ha mejorado desde su olvidado reinado, decide hacer lo que cualquier ñoño hace cuando lee cuentitos que no le gustan porque son distintos a lo que esperaba y junta un equipo de patiños con los cuales buscará destruir el mundo solo porque sí, ya que es más fácil destruir que entender o incluso conquistarlo.

Tras la aparente muerte de la franquicia de los X-Men al terminar su trilogía, y un fallido intento de sacar historias de personajes individuales, los mutantes resurgieron de manera efectiva de la mano de Matthew Vaugh al tener un cambio de historia y de época. Mientras que Los Hombres X era un equipo muy popular de personajes, en el cine los personajes más interesantes siempre fueron Magneto y Charles Xavier, por lo que hacía sentido arrancar con una especie de precuela con X-Men: First Class. La cinta no fue un trancazo en taquilla pero logró resucitar la franquicia lo que dio la pauta para el regreso de Singer a la dirección con Days of Future Past, y es donde inicia la caída de los personajes.

En su momento comenté las varias fallas que tiene la previa cinta de Singer. Inconsistencias, falta de comprensión de los personajes, pérdida de una perspectiva y visión que él mismo había establecido son solo algunos ejemplos. Apocalypse es la secuela natural de esa pérdida de rumbo que tuvo Singer, o mejor dicho, ese enfoque que antes no pudo haber realizado. Si en su momento tuvo restricciones por parte del estudio que afectaban incluso el diseño de los trajes de los personajes (el jefe de la Fox no quería disfraces ridículos, por lo que se optó por la estética de la piel negra), estas en parte ayudaban para que en lugar de la espectacularidad hubiese un manejo más efectivo en la historia. Lo que inició siendo una confrontación de ideologías en medio de conflictos con la realidad, actualmente olvida cualquier profundidad establecida en sus personajes y los vuelve viles juguetes envueltos en series de efectos visuales que carecen de propósito mayor al lucimiento.



X-Men: Apocalypse padece tres problemas fuertes. El primero es algo que se establecía desde la cinta anterior y es la falta de sensación de peligro. Parte del problema de establecer tu historia en el pasado es que tienes el referente de que los personajes principales siguen vivos en el presente, por lo cual, no importa que tan grande sea la amenaza, de antemano sabes que será superada y no habrá bajas significativas. En línea similar, la violencia mostrada no tiene un efecto real. Podemos ver como Apocalypse destruye ciudades enteras y está a punto de destruir el mundo, sin embargo no hay efecto. Son ciudades genéricas intercambiables y aunque uno puede decir “está destruyendo El Cairo, y no Sokovia (país inventado para ser destruido por Ultrón), no hay nada que nos haga sentir que las muertes ocasionadas tienen efecto. A esto, agréguenle que en el tiempo presente (según la continuidad de las cintas) no hay rastro de dicha destrucción, y resulta que al final no ocurrió nada relevante. Esto se refleja mejor por la enésima destrucción de la Mansión/Escuela de Xavier, la cual es reconstruida gracias al poder de dos personajes. No hay consecuencias que podrían ser tan simples como una baja en los estudiantes recibidos ante la constante amenaza de villanos, o tan complejas como que el lugar estuviese cercado con constante vigilancia militar. Plus ca change, plus c’est la mesme chose.

El segundo problema que tiene la cinta es que es aburrida (técnicamente bien hecha, pero aburrida), siendo este su mayor pecado. Mientras que hay quienes pueden defenderla diciendo que “al final del día es solo una película, un simple entretenimiento”, no es entretenimiento algo que se presenta como una cinta de acción/aventura de temporada de verano y que pasa casi una cuarta parte de la trama en donde, a pesar de tener a gran cantidad de personajes con poderes increíbles (los cuales podrían resolver el conflicto en menos de un minuto), nadie se decide a hacer algo. Retoma el elemento clásico de una mala película de artes marciales de los 80s en donde tenemos a 8 villanos que pelearán contra el tipo bueno. Ellos se organizan de manera que, en lugar de aprovechar su ventaja en números, el héroe los pueda derrotar uno a uno, mientras el resto se queda viendo sin hacer algo de provecho. Lo mismo ocurre acá, pero es acentuado por el hecho de que cuentas con personajes que si quisieran, podrían resolver el conflicto. Quicksilver solo hace gala de su gran velocidad repitiendo la fórmula de “rola chida con acción en cámara lenta” en una ocasión, porque seguro en su vida personal también le da tiempo a sus amigos y familiares para que se luzcan y hagan algo (a pesar de tener una personalidad impaciente). Lo mismo ocurre con otros personajes los cuales en lugar de integrarse dentro de la acción misma (no necesariamente escenas de acción) permanecen pasivos y contemplativos como si fuera película festivalera mexicana.

El tercer gran problema de la cinta es que  no logra definirse y da manejos inconsistentes en sus personajes. Han pasado 10 años desde Days of Future Past  y el personaje de Quicksilver sigue viviendo en el sótano de la casa de su madres, sin salir a hacer algo de provecho por su vida. El mundo no ha avanzado nada a pesar de las guerras y conflictos en sí. Hay una entrada en la guerra fría pero solo es mencionada como elemento de lucimiento para mostrar el poder del villano ya que fuera de esto, no hay nada que refleje la época en la que se desarrolla la historia, excepto las hombreras y los peinados de Aquanet. ¿Nuestros personajes principales han madurado desde la última vez que los vimos? No es así. Si bien Xavier finalmente acepta su papel como maestro, es algo que ya tenía en First Class, sin importar si tiene 5 o 500 alumnos. Si bien Magneto se da tiempo para si mismo y formar una familia, esta es mostrada de manera genérica solo para ser eliminada y justificar su vuelta a ser villano (por enésima ocasión) y eventualmente llegará a apoyar a su viejo amigo en el momento en que el guión lo requiera. Sus perspectivas ideológicas quedan en un último plano y son simplificadas en pro de mostrar la motivación tan “sofisticada” del villano en turno, el cual a su vez hace de Magneto un pelele dentro de su plan maestro. ¿Su mejor momento? Cuando destruye Auschwitch. ¿Cuál es la consecuencia de una imagen tan significativa? Ninguna. El simbolismo se pierde también cuando consideramos el significado de Auschwitz, ya que queda como recuerdo de una tragedia tremenda ocurrida en el pasado, y “aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. Incluso el mismo Magneto, que ignora todo su pasado y tragedia personal para volverse alguien capaz de ser un instrumento de genocidio, a pesar de que siempre ha buscado ser su propio hombre y a pesar de haber sufrido de primera mano un evento tan significativo.



Hablando de los personajes, el único que muestra una especie de madurez es el interpretado por Jennifer Lawrence, quien se aleja cada vez más de la Mystique de los comics o de la trilogía original, pero que desafortunadamente interpreta en automático su personaje, lejos de la fuerza que ella misma le imprimió en el relanzamiento que vino de la mano de Vaughn. Al parecer los óscares y las cintas taquilleras la han desgastado o dejado sin interés para comprometerse plenamente con otros papeles. ¿Sobre los personajes nuevos? Fuera del Nightcrawler interpretado por Kodi Smit-McPhee, todos son de adorno y no cuentan ni con arcos ni puntos de interés. Además del carisma de Kodi, lo que hace relevante a su Merodeador Nocturno es el hecho de ser el único actor al que se le permite recitar frases completas, aunque sea para hacer chistes.

Uno de los grandes logros de First Class es que si bien establece a personajes más grandes que la vida misma, logra acercarnos a ellos de manera accesible. El encuentro entre los personajes de la primera encarnación de los X-Men es similar al que tiene uno cuando termina la prepa y entra a la universidad y se encuentra con un mundo más grande, pero también con más personas y donde finalmente se siente parte de un grupo con intereses comunes. No importa si es el gusto por el rock o por aprender a controlar poderes, ese sentido de pertenencia es comprensible.

Mientras que en los comics los X-Men se establecieron como una alegoría a los cambios que surgen en la adolescencia y como uno se siente extraño y fuera de lugar, en el cine se fue un paso más adelante para ilustrar las dificultades y conflictos con lo que es el asumir una identidad sexual en sí, siendo los Hombres X ese grupo de aceptación para aquellos que “son distintos”. El problema es que mientras esto puede funcionar en algunos personajes (Iceman saliendo del “closet mutante”) o historias (la represión y miedo social establecidos en las primeras cintas de X-Men o la misma First Class) esto se pierde si tratamos de aplicarla con el resto de los personajes y puede llevar a momentos de una especie de humor involuntario en el que tenemos que las dos motivaciones del villano son el destruir todo y el entrar y poseer el cuerpo de alguien más, alguien con cualidades más atractivas que las que él tiene.  Esto es un tanto deprimente si consideramos que el guión viene de la mano de Kinberg y Singer en conjunto con Dan Harris y Michael Dougherty, quienes nos dieron cosas tan brillantes como X2… aunque también estuvieron tras la historia de Superman Returns con todo y Súper Hijo)

Uno de los grandes problemas al tratar gran número de personajes es que hay que darles presencia a los mismos. Mientras que Apocalypse junta a sus cuatro jinetes, los cuales son supuestamente los representantes más poderosos de la raza mutante, nos encontramos con que ni son los más poderosos (con la única excepción de Magneto), ni tienen presencia relevante en la historia. Si los quitamos, la trama continuaría casi de la misma manera, aunque claro, no podíamos perder la oportunidad de ver a una Storm Punketa, un Archangel pateatraseros o una Psylocke sabrosa, la cual misteriosamente es el único personaje que no recibe un traje similar a armadura por parte de Apocalypse, porque dios no permita que ocultemos el físico de Olivia Munn. Si bien esto puede parecer una queja de feminazi amargada, es solo un reflejo del tipo de tratamiento que se da a los personajes y se basa en un “mientras se vea bien, funciona”, lo cual no es real. Mientras Jean conozca a Scott, sus arcos de personaje estarán completos. No importa que las actuaciones sean huecas ya que no hay mucho con que trabajar.  Esto a su vez se refleja con el gran villano, un Oscar Isaac retacado de maquillaje, prostéticos y efectos visuales y de sonido, dejando su capacidad expresiva a un tercer plano.

Mientras que la saga de los X-Men ha sido la más prolífica y la primera que se atrevió a establecer ideas y cuestionamientos importantes, sin caer en la seriedad excesiva y matices oscuros, es a su vez la más desigual. En esta ocasión nos traen a un villano de caricatura (o de serie de los Power Rangers) para  interactuar con un mundo que para tener a los personajes que son la epítome de la evolución, no han evolucionado como elementos narrativos. Esto en sí no es malo (se agradece la consistencia en los personajes) sin embargo muestra una falta de madurez en el trabajo con los mismos. Esto es más notorio cuando se decide usar el recorrido en el tiempo para darle seguimiento a sus vidas, aunque al final es vil pretexto para presentarnos a su personaje más popular (Wolverine) en el antecedente de otra película que ya nos mostraron y que ellos mismos prefieren ignorar (X-Men Origins: Wolverine no existe… solo existe The Wolverine). Quizás en cierta medida Singer y Kinberg lo sabían, por lo cual en una escena sus personajes comentan sobre lo terrible que son las terceras partes en una trilogía. Solo que en vez de buscar superar el estigma ajeno, terminan confirmándolo. Cosa terrible considerando que Singer no es mal director.